Inis Mór se sitúa en la desembocadura de la bahía de Galway y es accesible mediante un aeródromo de hierba de 900 metros (
EIIM/IOR) que acoge casi exclusivamente aviones turbohélice y pequeños aviones de pistón. El aislamiento de la isla —a 48 km del continente de Galway— convierte al avión en el medio de transporte más rápido de un punto a otro, evitando la travesía en ferry de 40 minutos hasta Rossaveal o la travesía más larga hasta Doolin. El tráfico aéreo anual ronda los 9.500 pasajeros, principalmente gracias a los vuelos regulares de Aer Arann Islands y los vuelos chárter privados durante la alta temporada turística cultural, de mayo a septiembre. El modelo económico de la aviación privada en la isla es ciertamente de nicho, pero bien definido: los equipos de producción cinematográfica que necesitan rotaciones rápidas de personal durante períodos de buen tiempo atlántico, los grupos de turismo patrimonial con itinerarios condensados y las family offices que organizan alquileres exclusivos de la isla para estancias culturales o de bienestar. Dún Aonghasa, uno de los fuertes prehistóricos encaramados en acantilados más espectaculares de Europa, los pueblos de tejados de paja de Kilronan y Kilmurvey, y los paisajes de muros de piedra catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO atraen a una clientela adinerada en busca de una inmersión auténtica en un aislamiento preservado, sin las limitaciones logísticas. Operativamente, el aeropuerto de Essex (EIIM) exige una planificación rigurosa de la misión. La pista es corta e iluminada; por lo tanto, las operaciones diurnas se recomiendan encarecidamente y los aterrizajes nocturnos son prácticamente imposibles sin coordinación previa. Se requiere autorización previa (PPR). Los trámites aduanales internacionales se gestionan por acuerdo previo con la aduana irlandesa. El tránsito a través del aeropuerto de Galway o el aeropuerto de Shannon para despacho aduanal antes del despliegue a EIIM es el procedimiento estándar para vuelos chárter internacionales.